Dentro del ring era Fray Tormenta. Fuera de él, Sergio Gutiérrez Benítez era un sacerdote católico que buscaba cómo sostener una casa hogar en México. Su máscara y su trabajo religioso tenían un propósito compartido: ayudar a los niños que estaban a su cuidado.
Mantener un hogar exigía recursos para necesidades cotidianas como la alimentación, el alojamiento y la educación. La lucha libre se convirtió en una forma poco habitual de conseguir ese dinero.
En una entrevista publicada por Inter Press Service en 1997, explicó que había pensado luchar durante un solo año. Sin embargo, la actividad se prolongó mucho más de lo que había imaginado.
Los ingresos de sus combates y el apoyo de su comunidad ayudaban a sostener la casa hogar. Un reporte de WrestleZone de 2020 recoge una cifra acumulada de 2.500 niños y jóvenes beneficiados. No se refiere a todos viviendo allí al mismo tiempo ni a un trabajo realizado sin ayuda.
La historia de Fray Tormenta reúne dos mundos que parecen lejanos, el sacerdocio y la lucha libre. En su caso, ambos terminaron unidos por la tarea de cuidar a otros.
