Si miras las letras de Coca-Cola pensando en una sonrisa, alguna de sus curvas puede empezar a parecerte una boca. Ese es el detalle que propone la historia original. Percibirlo no demuestra que el diseñador escondiera un mensaje deliberado.

La propia compañía ofrece una explicación documentada del logotipo. En 1886, Frank M. Robinson sugirió el nombre Coca-Cola y desarrolló su escritura mediante una adaptación de la caligrafía Spencerian, característica de la época. Los adornos y trazos prolongados forman parte de esa tradición.

Nada impide disfrutar de una forma familiar dentro de esas letras. Conviene distinguir lo que cada persona reconoce de una decisión de diseño comprobada. Aquí, la curiosidad consiste en mirar de otra manera un logo conocido; no en haber descubierto un plan secreto demostrado.