Un día a solas en casa puede resultar agradable para una persona y incómodo para otra. Tener un espacio propio permite elegir la música, la comida y el ritmo de la tarde. La pregunta que propone esta publicación es cómo disfrutarlo sin perder las relaciones que queremos conservar.
Una rutina puede incluir lectura, cocina, una película conocida o una afición. No hace falta ocupar cada minuto de silencio. Tampoco es necesario rechazar todas las invitaciones para disfrutar de la independencia.
Llamar a alguien querido, organizar una cena sencilla o salir a un café son posibilidades, no obligaciones. Estas sugerencias cotidianas no son una prueba de personalidad ni un diagnóstico. Cada persona puede combinar compañía y momentos a solas, y cambiar esa combinación cuando lo necesite.
