Este es un relato de ficción de nuestra biblioteca. Annie y Ryan tenían cuatro hijos y habían perdido un quinto bebé. Después de la separación, Ryan iba a casarse con Lina, la hermana menor de Annie. Para los adultos era una nueva etapa; para Amelia, su hija de nueve años, la ceremonia planteaba preguntas que nadie había respondido.

La niña recibió una vela para representar la unión de la nueva familia. Durante la boda preguntó qué lugar tendría su mamá y si el bebé que habían perdido también contaba. Su intervención dejó al descubierto la distancia entre el símbolo que habían preparado los adultos y lo que ella necesitaba comprender.

Annie acudió por su hija y se la llevó a casa. Ryan comenzó a reconocer que había pedido a los demás aceptar sus decisiones sin escuchar lo que les costaban. Amelia no tenía que resolver el conflicto ni tranquilizar a las personas mayores.

La vela terminó en el alféizar de una ventana. Allí dejó de representar una familia que borraba a la anterior: recordaba los vínculos y las pérdidas que los hijos también llevaban consigo. El desenlace se centra en escuchar a una niña, sin atribuirle la responsabilidad de reparar a sus padres.