En este relato de ficción, Robert cría a sus seis hijas después de que Maya abandona la familia. Durante quince años envía invitaciones, fotografías y noticias escolares para mantener una puerta abierta. Conserva las cartas devueltas y los mensajes en una caja, porque quiere poder explicar a sus hijas que sí intentó sostener el contacto.
Tres días antes de la boda de Adele, la mayor, Maya anuncia que asistirá con su nueva familia. Adele descubre que su madre acusa a Robert de haberle impedido acercarse. Pide llevar la caja a la celebración y promete abrirla solamente si esa versión vuelve a repetirse.
En la recepción, Maya atribuye su ausencia al padre. Entonces Adele muestra las invitaciones rechazadas, las fotografías y el cuaderno donde Robert había anotado preguntas difíciles de sus hijas. Los documentos contradicen la historia que los invitados acababan de escuchar.
El cierre no presenta la humillación como una reparación suficiente. Robert baila con Adele y las seis hermanas lo rodean: ellas saben quién estuvo presente. Después conservan las fotografías y algunas cartas, pero deciden desprenderse del resto. La caja había cumplido su propósito; ya no tenía que ocupar el centro de su vida.
