En este relato de ficción, un sobrino visita a su tío durante su enfermedad aunque nunca tuvieron una relación fácil. Cuando el hombre muere, sus cuatro hijos se reparten cuarenta mil dólares. Al sobrino le corresponde un abrigo viejo y maloliente, un regalo que provoca las burlas de sus primos.

Durante un tiempo lo deja en el suelo, convencido de que recibió una última humillación. Antes de deshacerse de él revisa los bolsillos. Encuentra una carta y una llave que cambian el significado de aquel objeto: su tío había observado quién estuvo presente cuando parecía que no había nada que ganar.

La llave lo conduce a una bóveda donde encuentra una escritura valorada en seiscientos mil dólares. El abrigo había servido para ocultar la verdadera herencia. Al final decide conservarlo a la vista. El cuento transforma una aparente burla en un reconocimiento, sin presentar ese recurso narrativo como una guía para tramitar herencias reales.