La protagonista de este relato de ficción acaba de ser madre hace ocho meses. Está cansada, su cuerpo ha cambiado y espera que unas vacaciones junto al mar le permitan descansar. Lleva un vestido que compró para disfrutar de una cena y sentirse otra vez cómoda consigo misma.

Diane, su suegra, empieza a comentar su ropa y lo que come. Durante varios días la ridiculiza ante familiares y desconocidos. Dylan, su esposo, lo minimiza: dice que su madre siempre ha sido así y evita intervenir. Para ella, esa indiferencia resulta tan dolorosa como las burlas.

Una tarde encuentra a Diane probándose el vestido sin permiso. Oye que una costura se desgarra, pero se aleja. Más tarde, durante una sesión de fotos familiar transmitida en vivo, la suegra aparece con el vestido y presume de cómo debería lucir. Al girarse, la abertura se hace visible y termina ensanchándose.

Diane culpa a su nuera por no advertirle. La protagonista responde que ella no entró a un dormitorio ajeno ni tomó ropa que no le pertenecía. También enfrenta a Dylan por guardar silencio mientras se cuestionaban su cuerpo y sus comidas.

Después sube a preparar la maleta. Dylan se disculpa y le pide que se quede, pero ella decide regresar a casa con el bebé. El relato termina con su partida; no muestra un divorcio ni una reconciliación posterior.

Al alejarse, deja de considerar que los cambios de su cuerpo sean motivo de vergüenza. La decisión que cierra esta historia no es cambiar su apariencia, sino retirarse de un lugar donde se ha convertido en objeto de burlas.