En este relato de ficción, Sofía y Rick regresan de diez días de vacaciones y encuentran cajones abiertos, objetos desaparecidos y la caja fuerte vacía. Habían dejado a su hija Emma, de dieciséis años, al cuidado de Jenna, hermana de Sofía. Revisan las cámaras que instalaron poco antes de viajar.

Las grabaciones muestran a Emma entrando con dos compañeros de escuela. El hallazgo los desconcierta. Durante la cena mencionan el robo y las cámaras; esa madrugada, Emma llega llorando a su habitación con una bolsa. Reconoce que quería comprar un automóvil y que pensaba que sus padres no descubrirían lo sucedido.

Sofía y Rick la escuchan sin restarle gravedad a la decisión. Al día siguiente recuperan el dinero y cambian cerraduras, contraseñas y códigos. Emma participa en esos cambios, pierde temporalmente el teléfono y comienza a colaborar los sábados en un refugio para mujeres.

El relato termina con una rutina pequeña: algunas noches, Emma se acerca a decirles buenas noches y ellos responden. La confianza no vuelve de golpe. El cierre muestra una familia que intenta combinar consecuencias con compañía, después de que un hecho doloroso obligó a todos a mirarse de otra manera.