Estás almorzando afuera, aparece algo amarillo y negro dando vueltas sobre la mesa, y la reacción colectiva es idéntica en cualquier patio del continente: manotazos, servilletas al aire y alguien gritando que no se mueva nadie. Casi siempre, ese insecto no era el que todos pensaban.
La avispa es la que se acerca a la comida. Tiene el cuerpo liso y brillante, con una cintura muy marcada entre el tórax y el abdomen, y vuela de manera más rápida y errática. Es la que ronda la carne, el dulce y las bebidas azucaradas, porque busca proteínas y azúcares directamente en la mesa.
La abeja tiene otro aspecto y otra actitud. Es más peluda, de aspecto opaco y color más apagado, con un vuelo más pesado y previsible. Le interesan las flores, no tu plato. Si una abeja da vueltas cerca tuyo suele ser porque tu ropa tiene un estampado floral o porque hay algo dulce cerca. Otra pista útil es el momento del día y el lugar: las avispas rondan mesas y tachos, mientras las abejas se quedan cerca de las plantas con flor.
El abejorro es el más fácil de reconocer: grande, redondo, muy peludo y con un zumbido grave. Vuela de flor en flor con una torpeza que resulta simpática. Es notablemente tranquilo y muy poco propenso a molestar a nadie que no esté manipulándolo directamente.
Después están los impostores. Hay moscas que imitan el patrón amarillo y negro para parecer peligrosas y que no pican en absoluto. Se reconocen porque tienen un solo par de alas visibles, ojos enormes y ese vuelo suspendido, quieto en el aire, típico de las moscas de las flores.
Distinguirlas importa por una razón práctica. Las abejas y los abejorros son polinizadores esenciales para huertas, frutales y plantas de balcón. Matar a una por reflejo es un mal negocio para cualquiera que tenga plantas. Con las avispas la convivencia es más difícil, pero también manejable.
La estrategia que mejor funciona con todas es la misma: quedarse quieto. Los manotazos generan corrientes de aire y vibraciones que el insecto interpreta como amenaza. Si aterriza sobre la mesa, se lo puede cubrir con un vaso y una hoja de papel, y liberarlo lejos sin drama.
Para las comidas al aire libre hay dos medidas simples: tapar las bebidas azucaradas, sobre todo las latas donde el insecto puede entrar sin que lo veas, y retirar los restos de comida en vez de dejarlos en la mesa. La mayoría de los encuentros incómodos se evita con eso, sin necesidad de espantar nada.






