FlashUnfolded

Así se viajaba en avión en los años 70 y hoy cuesta creerlo

Curiosidades · 2026-09-08
Así se viajaba en avión en los años 70 y hoy cuesta creerlo

Trajes, cubiertos de metal y espacio para estirar las piernas: las fotos de aquellos vuelos parecen de otro planeta.

En las fotos de los aeropuertos de los años setenta, la gente aparece vestida como si fuera a un casamiento. Sacos, corbatas, tacos, sombreros. Volar era caro y poco frecuente, así que tomar un avión se trataba como un evento social, y nadie se subía en pantalón deportivo.

Adentro, las cabinas eran otra cosa. Había asientos enfrentados alrededor de mesas pequeñas, escaleras a un piso superior en los aviones más grandes, y en algunos vuelos incluso salones con barra. La comida se servía en vajilla y con cubiertos de metal, y en muchos casos alguien cortaba la carne junto al asiento.

El espacio entre filas era notablemente mayor que hoy. Eso no era generosidad: los pasajes costaban una fortuna en términos relativos y la aerolínea llenaba el avión con muchos menos pasajeros. Volar entre dos ciudades del continente podía equivaler a varios sueldos.

También había cosas que hoy resultan impensables. Se fumaba a bordo, en secciones separadas por una fila imaginaria que no detenía absolutamente nada. Los chicos podían visitar la cabina de mando en pleno vuelo y volvían al asiento con un pin o una tarjeta firmada por la tripulación.

El equipaje era otro mundo. No existían las valijas con rueditas de uso masivo, así que todo el mundo cargaba bolsos pesados a mano o los hacía llevar por un maletero. Las rueditas se popularizaron recién años después, y en su momento fueron una novedad que muchos consideraron innecesaria.

Lo que casi nunca se muestra en las fotos nostálgicas es el otro lado. Los vuelos eran más ruidosos, con más turbulencia percibida y con escalas frecuentes: cruzar el continente podía implicar dos o tres paradas para cargar combustible. Y para la enorme mayoría de la población, simplemente no eran una opción.

Ahí está la comparación honesta. Hoy volar es incómodo, apretado y con la comida en una bandeja de plástico, pero está al alcance de muchísima más gente. Aquella elegancia venía con un precio que dejaba a casi todos afuera del aeropuerto.

Aun así, hay algo de aquellos años que vale la pena recuperar y no cuesta nada: la sensación de que subirse a un avión es extraordinario. Mirar por la ventanilla durante el despegue, en vez de bajar la persiana y mirar el teléfono, sigue siendo gratis. Y si te tocó volar en esos años, hay una prueba infalible para reconocer a los que también lo hicieron: todos recuerdan el olor del avión y ninguno lo puede describir.

Más historias