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Cinco costumbres de Tailandia que sorprenden al llegar

Curiosidades · 2026-09-08
Cinco costumbres de Tailandia que sorprenden al llegar

Saludar sin dar la mano, dejar los zapatos en la puerta y comer en la calle a cualquier hora: reglas cotidianas que se aprenden rápido.

Bajar del avión en Bangkok es entrar de golpe en otro ritmo. Hay calor pesado, olor a comida en la vereda y un tránsito que parece imposible de cruzar. Pero lo que más desconcierta a quien llega por primera vez no es el clima ni el idioma: son las reglas pequeñas de convivencia que todos manejan y nadie explica.

La primera aparece en el saludo. En vez de un apretón de manos, mucha gente junta las palmas frente al pecho e inclina levemente la cabeza. Es un gesto que también sirve para agradecer o disculparse. Un turista no está obligado a usarlo, pero responder con el mismo movimiento suele generar una sonrisa inmediata.

La segunda es el calzado. En las casas, en muchos negocios chicos y en cualquier templo, los zapatos se dejan en la puerta. Cuando hay una fila de sandalias afuera, no hay que preguntar. Por eso, quien viaja aprende rápido a llevar calzado fácil de sacar y a fijarse en el estado de las medias antes de salir.

La tercera tiene que ver con el cuerpo. Tocar la cabeza de alguien, incluso de un niño, no se considera cariñoso sino invasivo. Y señalar con el pie o apuntar la planta hacia una persona o una imagen religiosa se ve como una falta de respeto. Son códigos que se aprenden mirando cómo se sientan los demás.

La cuarta es la comida en la calle. No es un plan turístico ni una salida especial: es el modo normal de comer para muchísima gente, a cualquier hora. Los puestos se especializan en un solo plato y lo hacen todo el día. La recomendación de siempre vale igual: elegir el puesto con más movimiento y comida recién hecha.

La quinta es el tono. Levantar la voz, discutir en público o mostrarse muy enojado hace perder autoridad en vez de ganarla. La calma se valora, y quien reclama con una sonrisa suele obtener mucho más que quien golpea el mostrador. A varios visitantes les cuesta, y es probablemente el ajuste más útil de todo el viaje.

Hay además una regla ineludible: el respeto a los símbolos del país y a la familia real es un asunto serio, con consecuencias legales reales. No es un tema para bromear ni para opinar en voz alta. Los viajeros informados simplemente no entran ahí.

Ninguna de estas costumbres es difícil. Se aprenden en dos días mirando alrededor y copiando lo que hacen los locales, que es la mejor guía de viaje que existe. Y esa mezcla de formalidad suave con vida en la vereda es, para muchos, la razón por la que quieren volver.

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