FlashUnfolded

Cómo es por dentro un parque eólico en medio del mar

Curiosidades · 2026-09-08
Cómo es por dentro un parque eólico en medio del mar

Desde la costa parecen molinos pequeños y quietos, pero de cerca la escala cambia por completo.

Desde la playa se ven como alfileres blancos en el horizonte, girando despacio. La perspectiva engaña: cada una de esas torres es más alta que la mayoría de los edificios de tu ciudad, y las aspas son más largas que una cancha de básquet.

Los parques eólicos marinos se instalan lejos de la costa por dos razones simples. Ahí el viento sopla más parejo, sin edificios ni cerros que lo corten, y el ruido no molesta a nadie. A cambio, todo se vuelve más caro y más complicado: hay que fijar torres enormes en el fondo del mar, tender cables submarinos y llegar hasta allá para cualquier reparación.

La instalación es el capítulo más impresionante. Barcos especiales bajan patas hidráulicas hasta el fondo y se levantan a sí mismos por encima del agua para quedar quietos como una plataforma. Desde ahí una grúa arma la torre por secciones, como un mueble gigante, y las aspas llegan por separado en otra embarcación.

El mantenimiento se hace en ventanas de buen clima. Un técnico sale en un barco pequeño, salta a una escalera fija en la torre con el mar moviéndose debajo, y sube por dentro hasta la góndola, esa caja en la punta donde están el generador y los frenos. Adentro hay más espacio del que uno imagina y hace mucho ruido.

No todos los proyectos llegan a construirse. Se anuncian, se estudian el fondo marino y las corrientes, se calculan costos, y a veces se cancelan años después sin que se haya clavado una sola torre. Los cambios de precio en el acero, en los cables o en el financiamiento pesan tanto como el viento.

Hay un detalle que casi siempre sorprende: las aspas no giran tan lento como parecen. La punta puede moverse mucho más rápido que un auto en carretera. Lo que ves desde lejos es una ilusión de escala, la misma que hace que un avión enorme parezca deslizarse suave en el cielo.

Si algún día pasas cerca de uno en un ferry o en un barco turístico, presta atención al sonido. A cierta distancia se escucha un zumbido bajo y rítmico, más parecido al mar que a una máquina. Muchos pasajeros dicen que esperaban algo mucho más estridente.

Son estructuras raras: industriales y a la vez casi silenciosas, plantadas en un lugar donde no vive nadie. Y desde la costa siguen viéndose como alfileres blancos que giran despacio, sin dar ninguna pista de su tamaño real.

Más historias