Faltan diez minutos para que llegues y el perro ya está sentado frente a la puerta. Quien está en casa lo nota: se levantó del sillón sin motivo aparente, se estiró, caminó hasta la entrada y se quedó ahí mirando. Diez minutos después suena la llave. La escena impresiona la primera vez y después se vuelve rutina.
Lo primero que hay que descartar es la magia. Los perros no leen el reloj, pero organizan el día con una precisión notable a partir de señales repetidas: la luz que entra por la ventana en cierto ángulo, los ruidos del edificio, el momento en que pasa el mismo colectivo, la rutina de las otras personas de la casa.
El olfato hace una parte importante del trabajo. Tu olor está por toda la casa y se va disipando con las horas de manera bastante constante. Hay quienes proponen que un perro puede registrar cuánto se debilitó ese rastro y usarlo como una especie de reloj olfativo. Cuando el olor llega a cierto nivel, es la hora.
Después está el oído, que es lo más concreto. Un perro escucha frecuencias y volúmenes que nosotros no. Puede reconocer el motor de tu auto a una cuadra, tus pasos en la escalera dos pisos antes, la puerta del garaje del edificio. Nosotros escuchamos la llave; él escuchó todo el trayecto previo.
Las personas de la casa también dan señales sin darse cuenta. Si alguien empieza a poner la mesa, guarda cosas o mira el reloj con más frecuencia cerca de la hora, el perro lee esos cambios de comportamiento. Es un observador dedicado con muy poco más que hacer en todo el día.
Se puede probar en casa de manera sencilla. Vuelve un día a una hora completamente distinta, en otro transporte, y fíjate si la escena de la puerta ocurre igual. Muchas veces no ocurre, y eso muestra hasta qué punto la anticipación depende de la rutina y no de un sexto sentido.
Vale aclarar algo: esperar en la puerta no es lo mismo que angustiarse. Un perro relajado que se acomoda cerca de la entrada está anticipando algo bueno. Uno que pasa horas llorando, destruyendo cosas o sin poder descansar está pasándola mal, y ahí conviene consultar con un especialista en comportamiento animal.
Lo mejor de todo esto es lo que revela sobre la convivencia. Mientras nosotros pasamos el día pensando en mil cosas, hay alguien en casa dedicado a registrar el ritmo exacto de nuestra vida. Y a las seis de la tarde, sin fallar, se levanta a esperar.






