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Cómo saber cuándo un par de zapatos ya cumplió su ciclo

Estilo de vida · 2026-09-08
Cómo saber cuándo un par de zapatos ya cumplió su ciclo

Se ven bien por fuera y ya no sirven. Hay señales concretas en la suela, el talón y la forma que conviene revisar.

Hay un par de zapatos en cada casa que se resiste a ser jubilado. Se ven presentables, tienen buen color, todavía combinan con todo. Pero ya no son los mismos: se sienten distintos al caminar, se doblan raro y dejan los pies cansados después de una tarde en la calle. La duda es siempre la misma: ¿ya está o le queda otro invierno?

La primera revisión es la suela, y no por el dibujo sino por el desgaste desparejo. Pon los zapatos sobre una mesa, a la altura de los ojos, mirándolos de atrás. Si uno se inclina hacia adentro o hacia afuera, el material ya cedió y el pie va a apoyar torcido a cada paso, aunque tú no lo notes.

La segunda es la prueba de torsión. Toma el zapato por la punta y por el talón e intenta retorcerlo como un trapo. Un calzado en buen estado ofrece resistencia. Si gira con facilidad y vuelve flojo, la estructura interna se venció. Lo mismo vale si al doblarlo se pliega por la mitad en vez de doblarse en la zona de los dedos.

El interior también habla. Fíjate en la plantilla: si el dibujo del pie está marcado y la espuma quedó aplastada bajo el talón, ese amortiguado ya no existe. En muchos zapatos, cambiar la plantilla por una nueva devuelve buena parte de la comodidad por muy poco dinero, y estira la vida del par varios meses.

El forro del talón es otra señal clara. Cuando se rompe o se pone liso y brilloso, el pie empieza a deslizarse dentro del zapato y aparecen rozaduras. Un zapatero puede parchar esa zona, y conviene hacerlo apenas empieza, no cuando ya se ve el cartón debajo.

Para zapatillas de caminar o correr, el criterio más útil es el uso real y no el aspecto. Alguien que camina a diario los desgasta mucho antes que alguien que los usa dos veces por semana. Una costumbre práctica es anotar con marcador la fecha de estreno en la etiqueta interior; deja de ser una discusión y pasa a ser un dato.

Rotar ayuda más que cuidar. Usar el mismo par todos los días no le da tiempo a secarse por dentro, y la humedad acelera el deterioro del pegamento y del forro. Alternar dos pares hace que los dos duren bastante más que uno solo usado sin descanso.

Cuando un par termina su ciclo, todavía tiene destino. Los que están enteros sirven para donar o para el trabajo de jardín; los que ya no dan más, para reciclaje textil donde exista. Pero no para seguir en la puerta esperando el día en que vuelvan a sentirse cómodos, porque ese día no llega.

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