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De dónde salieron las supersticiones que repetimos sin pensar

Curiosidades · 2026-09-08
De dónde salieron las supersticiones que repetimos sin pensar

Tocar madera, no pasar por debajo de una escalera, no barrer los pies: gestos automáticos con orígenes muy prácticos.

Alguien dice en voz alta que este año no se enfermó nadie en la casa y, sin pensarlo, estira la mano y golpea dos veces la mesa. Lo hace gente que no cree en nada de eso. El gesto sale solo, más rápido que cualquier razonamiento, y después provoca una sonrisa incómoda.

Muchas de estas costumbres tienen orígenes bastante terrenales. La escalera es el caso más claro: una escalera apoyada contra una pared forma un triángulo inestable, y pasar por debajo mientras alguien trabaja arriba es simplemente una mala idea. La advertencia práctica se volvió superstición con el tiempo.

El espejo roto sigue una lógica parecida. Durante siglos, un espejo fue un objeto costoso y difícil de reemplazar. Romper uno era un problema económico real, y la idea de años de mala suerte funcionaba bastante bien como advertencia para que nadie los manipulara con descuido.

Otras vienen del trabajo doméstico. La costumbre de no barrer los pies de alguien, común en muchos países de la región, probablemente nació en cocinas chicas donde alguien estaba barriendo y otro no se corría. La regla resolvió una molestia práctica y después se le agregó el destino.

También están las que sobreviven en oficios enteros. En el teatro, en la pesca, en el fútbol y en la construcción hay reglas no escritas que todos respetan. En trabajos donde el resultado depende de muchos factores incontrolables, los rituales dan una sensación de orden, y eso no es poco.

Ahí está la clave de por qué persisten. Las supersticiones aparecen sobre todo donde hay incertidumbre. Nadie tiene un ritual para prender la luz de la cocina, porque el interruptor funciona siempre. Los rituales se acumulan alrededor de exámenes, viajes, partidos y esperas.

Vale la pena distinguir dos cosas. Un gesto simpático que ordena un momento no le hace daño a nadie. Distinto es cuando la superstición empieza a limitar decisiones importantes o a generar culpa, o cuando se usa para presionar a otra persona a hacer o no hacer algo.

Con los chicos conviene explicar el origen en vez de repetir la regla. Contarles por qué no se pasa por debajo de una escalera deja una enseñanza útil sobre seguridad y una anécdota entretenida, en lugar de una prohibición sin motivo que después cuesta bastante desarmar.

Lo curioso es que casi todos convivimos con la contradicción sin dramatizarla. Sabemos que golpear la mesa no cambia nada y lo hacemos igual, medio en broma. Quizás porque el gesto no es sobre el futuro, sino sobre este momento: una manera breve de decir que ojalá esto siga así.

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