Sales al patio en la mañana y hay una masa de espuma blanca pegada al tallo de una planta, o en el alambre del cerco, o en la base de un arbusto. Parece jabón, o alguien que escupió, o algo peor. No se disuelve con la lluvia y a los dos días sigue ahí. La explicación es bastante más interesante que cualquiera de esas.
Adentro de esa espuma casi siempre hay un insecto muy pequeño, la ninfa de un grupo conocido popularmente como salivazos o espumadores. Se instala en un tallo tierno, se alimenta de la savia de la planta y produce esa masa de burbujas alrededor de su propio cuerpo mientras crece.
La espuma cumple varias funciones al mismo tiempo. Lo esconde de los depredadores, que en general no revisan qué hay dentro. Mantiene un ambiente húmedo alrededor, lo que le permite no secarse durante el día. Y ayuda a moderar la temperatura, funcionando como un pequeño refugio portátil hecho con lo que tiene a mano.
Si tienes curiosidad, el experimento es simple: apartar la espuma con la punta de una hoja o un palito. Adentro suele haber un insecto verde o pálido, más pequeño que una lenteja, que se queda quieto un momento y después se mueve. Muchos niños descubren así el primer bicho que realmente les interesa observar.
En el jardín doméstico, la presencia de estos insectos rara vez es un problema serio. Unas pocas masas de espuma en un cerco o en un arbusto establecido no afectan de manera significativa a la planta. La recomendación habitual es simplemente dejarlos, porque la temporada es corta y desaparecen solos.
Si aparecen en gran cantidad sobre plantas jóvenes o en cultivos pequeños de la huerta, la solución más común no requiere ningún producto: un chorro de agua a presión con la manguera desprende la espuma y las ninfas del tallo. Repetido un par de veces con unos días de diferencia, suele bastar.
Vale también aclarar qué no es. No es un hongo, no es un huevo de nada grande y no tiene relación con la humedad de la casa. Y como se trata de un animal alimentándose de savia, no aparece en superficies muertas: siempre está sobre un tallo vivo o justo al lado de uno, que es una buena forma de identificarlo.
Este tipo de cosas es lo que hace entretenido mirar un jardín de cerca. Una mancha de espuma que uno habría limpiado sin pensarlo resulta ser una casa construida por un insecto del tamaño de una semilla. Está ahí todos los años, en la misma temporada, y casi nadie se agacha a ver qué hay adentro.






