Todo el mundo revisa que la puerta quede cerrada. Muy poca gente revisa el resto. Y buena parte de los problemas que aparecen al volver de un viaje no tienen que ver con la seguridad, sino con cosas mucho más domésticas: una canilla que goteó dos semanas, una heladera que se descongeló, un macetero que se secó por completo.
Empieza por el agua, que es la que más daño hace. Cierra la llave de paso general si te vas por más de unos días. Es una vuelta de muñeca y elimina de un saque el riesgo de una manguera de lavarropas que revienta, una junta que se afloja o un flotante de inodoro que se traba y deja correr agua durante semanas.
Sigue con la heladera. Si el viaje es largo, lo razonable es vaciarla de lo perecedero, apagarla, limpiarla y dejarla con la puerta entreabierta. Si prefieres dejarla encendida, al menos saca lo que pueda arruinarse y revisa que nada bloquee la puerta. Volver a una heladera apagada y cerrada por dos semanas es una experiencia que nadie repite.
Después, los enchufes. Desenchufa lo que no necesite estar conectado: televisor, computadora, microondas, cargadores. No es solo consumo: en zonas con tormentas, una subida de tensión encuentra a los aparatos enchufados y a nadie en casa para notarlo. Deja conectado únicamente lo imprescindible.
La basura y los desagües son el capítulo de los olores. Saca todo, incluida la bolsa del cesto del baño y los restos del cesto de la cocina. Y echa un poco de agua en los desagües que casi no se usan, como el de la ducha de visitas o el del lavadero, porque cuando el sifón se seca empieza a subir olor desde la cañería.
Las plantas admiten soluciones simples. Agruparlas todas juntas en el ambiente con más luz indirecta reduce la evaporación. Un plato hondo con agua debajo de las macetas resuelve varios días. Y si el viaje es largo, la opción más segura sigue siendo dejarle la llave a alguien de confianza que pase una vez.
En cuanto a la casa vista desde afuera, hay dos detalles que valen más que cualquier otro: que no se acumule correspondencia en el buzón y que la vivienda no se vea deshabitada. Un vecino que retire lo que llegue y un par de luces con temporizador hacen mucho más que cualquier consejo elaborado.
Por último, avisa a una persona. No hace falta publicar el viaje en ningún lado, y de hecho conviene no hacerlo. Alcanza con que un vecino o un familiar sepa que no estás, tenga una llave y un teléfono donde ubicarte. Casi todos los problemas domésticos son chicos si alguien los ve el primer día, y caros si nadie los ve hasta que vuelves.






