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Los juegos que cada familia inventa y repite cada año

Entretenimiento · 2026-09-08
Los juegos que cada familia inventa y repite cada año

Reglas absurdas, premios ridículos y una competencia feroz. Nadie recuerda cómo empezó, y todos saben exactamente cómo se juega.

En cada familia hay un juego que no existe en ningún otro lado. Puede ser una búsqueda del tesoro con pistas escritas a mano, un sorteo con papelitos doblados dentro de una olla, una competencia por adivinar quién trajo cada regalo. Las reglas son confusas para cualquier invitado nuevo y absolutamente claras para los de adentro.

Estos juegos suelen tener un origen accidental. Alguien improvisó algo un año para entretener a los niños, funcionó, y al año siguiente los mismos niños lo exigieron. A la tercera repetición ya era tradición, con reglas fijas y una persona encargada de organizarlo. Casi ninguna familia recuerda con precisión el primer año.

Lo que los mantiene vivos es el premio, que casi siempre es ridículo. Una figurita de plástico, una medalla de cartón, un sombrero que usa el ganador durante toda la comida. Cuanto más tonto el premio, más se pelea por él. El valor está en la foto del ganador, que después se compara con la del año anterior.

También tienen su reglamento no escrito. Quién puede participar, si los que se casaron entran o no, qué pasa si alguien hace trampa, si los adultos deben dejar ganar a los chicos. Esas reglas se discuten cada año con seriedad de tribunal, y esa discusión es en realidad parte del juego.

Hay un momento delicado en la vida de toda tradición familiar: cuando la persona que la organizaba ya no está o no puede. Muchas se pierden ahí, simplemente porque nadie se ofreció. Otras se salvan porque alguien de la generación siguiente decide tomar la posta, aunque no lo haga exactamente igual.

Si en tu familia hay un juego así, vale la pena escribirlo. Una hoja con las reglas, el nombre de los ganadores por año y alguna foto. Parece exagerado hasta que pasan quince años y alguien pregunta cómo era. Los archivos familiares se pierden por falta de un papel, no por falta de cariño.

Y si no hay ninguno, se puede empezar cualquier año. Los mejores son simples: no requieren materiales, se explican en un minuto, incluyen a personas de todas las edades y terminan rápido. Un concurso de historias cortas, una competencia de postres a ciegas, una adivinanza sobre fotos viejas.

Lo que queda de esas tardes no es quién ganó. Es la escena repetida: la misma mesa, las mismas discusiones sobre las reglas, alguien riéndose demasiado fuerte. Con los años, esas repeticiones se convierten en el hilo que sostiene a una familia que ya vive en cuatro casas distintas.

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