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Los objetos cotidianos que nadie sabe cómo se llaman

Curiosidades · 2026-09-08
Los objetos cotidianos que nadie sabe cómo se llaman

Los usas todos los días, los ves en cada casa y cuando alguien pregunta su nombre solo puedes señalarlos con el dedo.

Señalas y dices "pásame esa cosa". Funciona perfecto, todos entienden, y la palabra no aparece. Hay una lista sorprendentemente larga de objetos que usamos a diario y cuyo nombre nunca aprendimos, no por descuido, sino porque nadie los nombra en voz alta: se heredan por gesto, no por vocabulario.

Está el aro de plástico que queda en el cuello de la botella cuando la abres, que es el precinto. La punta de plástico que protege la agujeta se llama herrete. El soporte que sostiene los libros parados en una repisa es un sujetalibros, y la pieza que impide que la puerta golpee la pared es un tope o retén.

En la cocina hay varios más. El colador chico para el té es un pasador. La tabla con dientes para rallar tiene lados distintos con nombre propio según el corte. Y el aparato que rompe la superficie del agua en la llave, ese filtro pequeño que se llena de sarro, se llama aireador y se puede desenroscar y limpiar en dos minutos.

Los objetos del baño corren la misma suerte. El tubo del papel es un portarrollos. La rejilla del piso es una coladera. El caucho que va bajo la puerta para que no pase el aire es un burlete, y es exactamente lo que necesitas si el pasillo se cuela por debajo cada vez que hay viento.

Hay una razón práctica para aprender estos nombres, y no es lucirse en una sobremesa. Cuando algo se rompe, saber la palabra correcta convierte una compra imposible en un trámite de cinco minutos. Buscar "burlete de puerta" da resultados; buscar "la tirita de hule que va abajo" no da absolutamente nada.

Lo mismo aplica a las piezas de ferretería. Pedir un tornillo sin saber si necesitas taquete, tuerca o rondana termina en tres viajes a la tienda. La mayoría de los ferreteros resuelve el problema en segundos si llevas la pieza vieja en la mano, que sigue siendo el mejor método cuando falta el vocabulario.

Vale la pena hacer un pequeño inventario en casa. Camina por una habitación y trata de nombrar diez objetos con su palabra exacta. Casi todos fallan en cuatro o cinco, y esos cinco suelen ser justamente los que uno necesita nombrar cuando algo deja de funcionar.

Después de todo, un objeto sin nombre es un objeto que no puedes pedir, buscar ni reemplazar sin señalarlo con el dedo.

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