Pregúntale a cualquier chofer con años de oficio qué encontró en su auto y vas a escuchar una lista mucho más larga y más rara de lo que imaginas. Los paraguas y los celulares están, claro, pero también hay bolsas de compras completas, una jaula con un pájaro adentro, trajes recién salidos de la tintorería y un juego de llaves de una casa entera.
El clásico absoluto es el paraguas. Se apoya contra el asiento al subir y ahí se queda, porque el gesto de bajarse no incluye mirar hacia el costado. Muchos choferes cuentan que después de dos días de lluvia terminan con tres o cuatro en el baúl y nunca nadie vuelve a reclamarlos.
El segundo lugar depende de la ciudad, pero suele ser el teléfono. Ahí sí hay reclamos, y bastante rápidos. Los choferes cuentan que casi siempre suena a los pocos minutos, y que la conversación empieza con la voz agitada de alguien que ya se dio cuenta de que dejó su vida entera en un asiento trasero.
Después vienen las cosas que revelan de dónde venía la persona. Ramos de flores, tortas en cajas, una guitarra, botines de fútbol, carpetas de trabajo, cascos de moto, una silla de bebé plegada. Un chofer con años de calle puede reconstruir bastante bien la jornada de un pasajero solo a partir de lo que dejó olvidado.
Lo que casi todos estos objetos tienen en común es la posición. Se olvida lo que no está en contacto con el cuerpo. La mochila que llevas en la espalda baja contigo; la bolsa que apoyaste en el piso, no. El teléfono en el bolsillo se va; el que se apoyó en el asiento del medio se queda.
También pesa la manera en que uno se baja. Los olvidos aumentan cuando el pasajero llega tarde, cuando viene hablando por teléfono, cuando el auto se detiene en doble fila y hay apuro por cerrar la puerta. En esos treinta segundos comprimidos, la cabeza está en el destino y no en el asiento.
Hay un truco simple que usan mucho los que viajan seguido: contar los bultos al subir. Si subes con tres cosas, dices tres en voz baja y al bajar cuentas tres. Suena tonto y funciona. La otra costumbre útil es mirar el asiento hacia atrás antes de cerrar la puerta, con la mano todavía en la manija.
Y si igual pasa, conviene actuar rápido. Pide el comprobante del viaje, guarda el número de la aplicación o el número de la licencia si viste el interno, y llama de inmediato. Los choferes cuentan que la mayoría de los objetos vuelve a su dueño cuando el reclamo llega dentro de la primera hora, y que después se complica bastante.






