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Los pájaros que copian sonidos de la ciudad donde viven

Animales · 2026-09-08
Los pájaros que copian sonidos de la ciudad donde viven

Alarmas de auto, timbres, sirenas: algunas aves aprenden lo que escuchan todos los días y lo repiten desde el cable de la esquina.

Estás en el patio y escuchas una alarma de auto que suena tres veces y se corta. Miras a la calle y no hay ningún auto. Miras hacia arriba y en el cable hay un pájaro que vuelve a hacer el mismo ruido, esta vez seguido de un silbido y de algo parecido al chirrido de una puerta. No es una casualidad ni un error de tus oídos.

Varias familias de aves aprenden sonidos de su entorno y los incorporan a su repertorio. Los zorzales, los calandrias, los tordos y varias especies emparentadas son conocidos por eso en distintas partes de América. En el campo copian a otras aves; en la ciudad copian lo que hay: bocinas, celulares, alarmas, silbidos de vendedores.

El sonido no sale de una garganta como la nuestra. Las aves tienen un órgano llamado siringe, ubicado más abajo que nuestras cuerdas vocales, con dos lados que pueden funcionar de manera independiente. Eso les permite producir dos sonidos a la vez y reproducir con sorprendente fidelidad ruidos que a nosotros nos parecerían imposibles.

¿Para qué lo hacen? Buena parte de la explicación es el cortejo y el territorio. Un repertorio grande y variado es una señal de que ese individuo es experimentado, y en varias especies los machos con más sonidos distintos atraen más atención. La alarma del auto entra ahí como un elemento más de la colección.

Escucharlos requiere paciencia y horario. Las primeras horas del día son las mejores, sobre todo antes de que arranque el tránsito. Si te quedas quieto cinco minutos en un patio, una plaza o un balcón con árboles cerca, es probable que empieces a distinguir repeticiones y a notar cuál es el pájaro que está armando la mezcla.

Vale la pena anotar lo que escuchas. Muchos vecinos de una misma cuadra terminan reconociendo al mismo ejemplar por una secuencia particular, y con las semanas se nota cómo va cambiando: suma sonidos nuevos, abandona otros. Es un archivo sonoro del barrio hecho por un animal.

Si quieres que se acerquen, lo que funciona no es la comida sino el agua y las plantas. Un recipiente bajo con agua limpia, cambiada seguido, atrae más aves que cualquier alimento. Y un par de arbustos o un árbol chico dan el refugio que necesitan para quedarse.

Hay algo lindo en esto. Sin proponérselo, esas aves guardan y devuelven el sonido de la ciudad en la que viven. Los bocinazos y los timbres que nos parecen ruido molesto terminan convertidos, desde un cable, en algo bastante parecido a una canción.

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