Ocurre en reuniones, en clases y en sobremesas largas. Una persona bosteza sin disimulo y, en menos de medio minuto, dos o tres más hacen lo mismo. Nadie lo decide. Lo más curioso es que el efecto no necesita imágenes: alcanza con escuchar a alguien bostezar por teléfono, o incluso con leer un párrafo como este.
El bostezo contagioso es uno de esos fenómenos cotidianos que todo el mundo reconoce y que todavía se discute. Existen varias explicaciones en circulación y ninguna cerró el debate. La más difundida lo asocia con la tendencia a imitar de forma automática los gestos de quienes tenemos cerca, algo que también pasa con la risa o con la postura del cuerpo.
Esa imitación involuntaria se nota en muchas situaciones. Dos personas conversando terminan cruzando los brazos casi al mismo tiempo. Alguien sonríe y el otro devuelve la sonrisa antes de pensarlo. En una fila, si uno mira hacia arriba, varios levantan la vista. El bostezo sería un caso más de ese repertorio compartido.
Hay una observación que la mayoría de la gente reconoce al instante: se contagia más entre personas cercanas. Es más probable bostezar después de un familiar o de un amigo que después de un desconocido en la sala de espera. Muchos investigadores lo relacionan con la familiaridad, aunque las conclusiones siguen siendo cautelosas.
El fenómeno también aparece entre especies. Quienes conviven con perros suelen contar que su animal bosteza cuando ellos bostezan, sobre todo si están mirándose. Es una de esas escenas domésticas que resultan graciosas y que muestran hasta dónde llega la sincronización entre quienes pasan mucho tiempo juntos.
Sobre por qué bostezamos en general, las hipótesis conviven. Se lo ha vinculado con el paso del sueño a la vigilia, con los cambios de actividad, con el aburrimiento y con la transición entre estados de atención. Lo que sí es claro para cualquiera es cuándo aparece: al despertar, antes de dormir y en reuniones largas.
Existe un uso práctico del asunto. Si quieres saber si alguien te está prestando atención de verdad, un bostezo funciona como prueba informal: quien está concentrado en la conversación tiende a contagiarse; quien está pensando en otra cosa, no. No es ciencia, pero suele coincidir con la sensación que uno ya tenía.
Y si mientras leías este texto bostezaste al menos una vez, ya tienes la demostración en casa. Es de los pocos fenómenos que se comprueban solos, sin equipo ni preparación, en cualquier mesa donde haya dos personas y algo de cansancio acumulado.






