Muchas familias arman una mochila de emergencia después de haber pasado por un susto: un corte de luz de dos días, una inundación en el barrio, una evacuación por un escape de gas. Ahí se descubre lo mismo de siempre, que en el apuro nadie encuentra la linterna, el documento ni el cargador. Prepararla antes lleva una tarde y no hace falta gastar mucho.
La base son los documentos. Copias del documento de identidad de cada integrante, del título del auto, de la escritura o el contrato de alquiler y de la póliza del seguro, todo en una bolsa plástica cerrada. Suma una copia digital en el correo electrónico o en la nube. Cuando hay que salir rápido, ese sobre es lo que más falta hace después.
Después, lo básico para dos o tres días. Agua embotellada, alimentos que no necesiten cocción ni refrigerador, un abrelatas manual, platos y cubiertos descartables. Conviene elegir cosas que en tu casa realmente se comen, porque así se pueden rotar cada tanto y no terminan vencidas en el fondo del armario.
El bloque de luz y comunicación es el que más se usa en la práctica. Linterna con pilas de repuesto, una radio a pilas, una batería portátil cargada, cargadores de teléfono y un cable extra. Anota en un papel los teléfonos importantes, porque si el celular se queda sin batería nadie recuerda ningún número de memoria.
Suma algo de abrigo y protección: una manta, una muda de ropa por persona, calzado cerrado, un impermeable liviano, guantes de trabajo. Ese calzado es más importante de lo que parece; buena parte de los problemas después de una tormenta ocurre al caminar entre escombros o vidrios con sandalias.
Guarda también un juego de llaves de repuesto, algo de dinero en efectivo en billetes chicos y una lista corta con instrucciones de la casa: dónde está la llave de gas, dónde el tablero eléctrico, cómo se cierra el agua. Si alguien más tiene que entrar a la casa, esa hoja vale oro.
Con mascotas, el equipo suma su parte: comida para unos días, correa, transportadora, una foto de la mascota contigo y la libreta sanitaria. Muchos refugios piden esa documentación, y sin ella la situación se complica justo en el peor momento.
Pon todo en una mochila, dejala en un lugar fijo y contale a todos dónde está. Revisala dos veces al año, cuando cambia la estación, para rotar comida y pilas. Idealmente nunca la vas a usar, y esa es la mejor manera de que termine esta historia.





