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Toda excusa suena razonable cuando eres tú quien la dice

Estilo de vida · 2026-09-08
Toda excusa suena razonable cuando eres tú quien la dice

Desde adentro parece un motivo con todos sus detalles; desde afuera se escucha como una frase corta y conocida.

«Hoy no fui porque llovía y además tenía que terminar algo del trabajo.» Dicho en primera persona, eso es una explicación completa, con contexto y circunstancias. Escuchado de otra persona por tercera semana consecutiva, se convierte en otra cosa mucho más corta: no fue.

La diferencia se conoce bien. Cuando explicamos algo propio, tenemos acceso a todos los factores: el cansancio, la lluvia, el ánimo, el mensaje que llegó a las once. Cuando escuchamos lo mismo de otro, solo vemos la conducta. Uno se juzga por sus motivos y juzga a los demás por sus resultados.

Eso no significa que las excusas sean mentiras. Casi siempre son ciertas, y ese es justamente el problema. Los motivos verdaderos son infinitos y siempre hay uno disponible. Una semana es la lluvia, la siguiente es el trabajo, la siguiente es que estabas invitado a algo.

Un ejercicio incómodo y muy efectivo es escribir el motivo cada vez. Una línea en el teléfono, con la fecha. Al mes se lee la lista completa de una sola vez. Los motivos individuales se ven razonables; la lista, en cambio, muestra un patrón que hasta ese momento estaba disperso.

Lo que suele aparecer en esa lista es una hora del día. Muchas cosas se caen siempre en el mismo momento: después del trabajo, los domingos por la tarde, a la noche. Eso ya no es un problema de voluntad, es un problema de diseño de horario, y se arregla cambiando el horario.

Otra estrategia práctica es bajar el listón. Si el plan era una hora y nunca ocurre, cambiarlo a diez minutos. Diez minutos hechos superan por mucho a una hora imaginada, y además no dan lugar a excusas, porque casi ninguna circunstancia justifica no tener diez minutos.

Conviene también distinguir dos casos. Una etapa con mucha carga real —un trabajo demandante, alguien a cargo, un problema serio— no es una excusa: es una situación. Ahí la respuesta correcta no es exigirse más, es ajustar las expectativas y recuperar el plan cuando la etapa termine.

Otra herramienta que funciona bien es tener a alguien a quien avisarle. No un supervisor ni un entrenador: alguien que sepa qué estás intentando y a quien le mandes un mensaje corto cada semana. Saber que hay que escribir ese mensaje el domingo cambia decisiones del jueves, y no cuesta nada más que la incomodidad de contarlo.

Para el resto de los casos, la pregunta útil no es si el motivo es válido. Es esta: si otra persona te contara exactamente lo mismo, con esas palabras, tres semanas seguidas, ¿qué pensarías? La respuesta suele llegar bastante rápido.

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