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Cómo guardar la ropa de estación sin que tome olor

Hogar · 2026-09-08
Cómo guardar la ropa de estación sin que tome olor

Los abrigos vuelven en abril con olor a guardado y arrugas imposibles. Casi todo se define al momento de guardarlos.

Llega el primer día fresco y bajas la caja de arriba del placard. Sacas el abrigo que guardaste en noviembre y ahí está: ese olor a encierro, las marcas de doblado que no se van y, con suerte, ningún agujero. Cinco meses adentro de una caja hicieron más daño que un invierno entero de uso.

El error principal ocurre antes de guardar. Mucha ropa se archiva sin lavar, porque a simple vista está limpia. Pero los restos invisibles de transpiración, perfume y comida son justamente lo que atrae a las polillas y lo que se convierte en olor con los meses. Todo lo que se guarda debe entrar limpio y completamente seco.

Después importa el recipiente. Las bolsas de plástico bien cerradas parecen la opción segura y suelen ser la peor: atrapan cualquier humedad que haya quedado y no dejan respirar la fibra. Las cajas de cartón, las bolsas de tela y las fundas de algodón funcionan mucho mejor, sobre todo para lana y prendas gruesas.

El lugar decide el resto. Arriba del placard suele estar bien; abajo del lavadero o contra una pared exterior húmeda, no. Si el único espacio disponible es un sótano o una pieza fría, conviene levantar las cajas del piso con dos listones de madera para que el aire circule por debajo.

Para las polillas, el enfoque más sano es preventivo. Lavar todo antes, aspirar el fondo del placard y sumar bolsitas de lavanda seca o astillas de cedro, que se pueden renovar cada temporada. Muchos productos fuertes dejan un olor que después no sale de la lana, así que conviene ir de lo suave a lo fuerte, no al revés.

El plegado también deja huella. Los suéteres pesados nunca van colgados, porque se estiran de los hombros; se doblan y se apilan con los más pesados abajo. Poner papel de seda o una remera vieja entre los dobleces suaviza la marca. Y llenar el interior de un bolso o unas botas con papel evita que se aplasten.

Cuando llega el momento de sacarla, no la uses directamente. Cuélgala unas horas al aire, preferentemente afuera o cerca de una ventana abierta. La mayoría de los olores a guardado se van solos con ventilación. Un vapor suave de plancha, a distancia, termina de acomodar las marcas sin necesidad de lavar todo otra vez.

Es una tarea de una tarde que se hace dos veces al año y que define cómo va a estar tu ropa la temporada siguiente. Lavar, secar bien, guardar en tela, elegir un lugar seco. Cuatro pasos aburridos que evitan la escena de abrir la caja en abril y encontrar un abrigo que ya no da ganas de usar.

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