Llega la primera semana fría del año y la casa que en marzo era agradable se vuelve incómoda de golpe. La reacción inmediata es subir la calefacción, y a la semana siguiente llega la factura. Antes de eso hay una lista corta de cosas que cuestan poco y que se notan bastante.
El primer lugar por donde se escapa el calor es el borde de las puertas exteriores. Si al pasar la mano por abajo se siente corriente, ahí hay una fuga permanente. Un burlete adhesivo o incluso un rollo de tela pesada apoyado contra la base resuelve el problema por muy poco dinero.
El segundo son las ventanas. Las corredizas viejas suelen tener holgura en el marco, y ahí también sirve el burlete. Las cortinas gruesas cumplen un papel real: cerradas de noche, agregan una capa de aire quieto entre el vidrio y la habitación, que es justamente lo que aísla.
El tercero es el sol, que es gratis y se desaprovecha. Abrir bien las cortinas de las ventanas que reciben sol directo durante el día y cerrarlas apenas cae la tarde funciona en cualquier vivienda. En días despejados, la diferencia entre hacerlo y no hacerlo es perceptible al entrar.
El cuarto es el piso. Las superficies frías absorben calor todo el día y descalzarse sobre ellas da sensación de frío aunque el aire esté templado. Una alfombra en la zona donde la gente se sienta, aunque sea barata, cambia bastante la percepción de temperatura del ambiente.
El quinto es cerrar habitaciones que no se usan. Calentar una casa entera cuando la familia pasa la noche en dos ambientes es tirar energía. Con las puertas cerradas, el calor se concentra donde hay gente y el equipo trabaja menos tiempo para llegar a la misma sensación.
Hay dos advertencias importantes. Los calefactores de garrafa o los que producen llama necesitan ventilación permanente, aunque haga frío; nunca deben usarse con todo cerrado ni mientras se duerme. Y ningún horno de cocina debe usarse para calefaccionar, por más que se haya hecho siempre.
Hay un equilibrio que conviene no olvidar: ventilar igual. Con la casa cerrada varios días seguidos aparece humedad en los vidrios y en las esquinas de las paredes exteriores. Diez minutos de ventana abierta al mediodía renuevan el aire sin enfriar la casa de manera notoria, porque las paredes y los muebles conservan la temperatura.
Con burletes, cortinas, sol aprovechado y puertas cerradas, la mayoría de las casas gana varios grados de sensación sin tocar el termostato. Vale la pena hacerlo antes de que llegue la semana fría, no durante.






