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Cómo se limpia un espejo de agua de un parque público

Curiosidades · 2026-09-08
Cómo se limpia un espejo de agua de un parque público

Parecen simples piscinas decorativas, pero mantener una lámina de agua quieta y transparente es un trabajo constante y poco visible.

Detrás de cada espejo de agua de plaza hay un equipo que trabaja de madrugada. Cuando la ciudad todavía está oscura llegan con mangueras, cepillos de mango largo y una bomba portátil, y tienen que terminar antes de que abran las primeras cafeterías. De día, ese trabajo simplemente no se puede hacer.

El primer enemigo es la hoja. Un solo árbol cercano puede tirar suficiente material en una semana para tapar los filtros de succión, y cuando el filtro se tapa la bomba trabaja forzada. Por eso lo primero que se hace cada mañana es pasar una red por la superficie completa.

El segundo enemigo es invisible al principio: las algas. Basta con sol directo, agua tibia y unos días sin movimiento para que las paredes se vuelvan resbalosas y el fondo tome un tono verdoso. La solución combina circulación constante, cepillado del fondo y tratamiento del agua, más o menos como en una piscina.

Después están las monedas. La gente lanza monedas incluso donde no hay ninguna tradición que lo pida, y el metal en el agua mancha el fondo claro con marcas de óxido que después hay que frotar una por una. En muchos parques las recogen periódicamente y las donan.

El nivel también da trabajo. Una lámina de agua ancha y poco profunda pierde muchísimo por evaporación en verano, y si baja demasiado la bomba empieza a tomar aire y se daña. Por eso casi todos tienen un sistema de rellenado automático con un flotador escondido en una esquina.

Los que están hechos para caminar encima, tan populares en plazas nuevas, agregan otro problema. El calzado deja polvo, arena y grasa que forman una película sobre la superficie, y esa película es justo lo que arruina el reflejo. Se retira pasando una barredora de superficie o, en los más simples, un rodillo.

Cuando algo sale mal, casi siempre es por una de tres razones: una fuga en una junta, un filtro obstruido o alguien que vertió algo que no correspondía. Las tres se detectan mirando el consumo de agua, que suele ser la primera señal de que hay un problema bajo el piso.

El invierno y la temporada de lluvias traen sus propios problemas. Con frío se forman capas de hielo en algunas ciudades y hay que bajar el nivel o vaciar por completo para que las juntas no se rajen. Con lluvias fuertes, en cambio, el espejo se desborda y arrastra tierra de los canteros vecinos hacia adentro. Por eso muchos tienen un rebosadero disimulado en un borde, que casi nadie nota hasta que se tapa con hojas.

La próxima vez que veas uno perfectamente quieto y limpio a las nueve de la mañana, vale la pena recordar que alguien estuvo ahí a las cinco con una red y una linterna.

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