Hay una camisa que te encanta guardada desde hace un año porque se le cayó un botón. Y un pantalón con el dobladillo descosido. Y una funda con una costura abierta. Todo eso está esperando un momento que no llega, cuando en realidad el arreglo completo lleva menos tiempo que buscar la prenda en el placard.
Coser un botón es la habilidad más rentable de todas. Hace falta una aguja, hilo del color más parecido que tengas y unos cinco minutos. Enhebrás, hacés un nudo en el extremo, pasás desde adentro de la tela para que el nudo quede oculto y cosés cruzando los agujeros del botón entre seis y ocho veces.
El detalle que casi nadie conoce es el del pie del botón. Antes de terminar, poné un palillo o un fósforo entre el botón y la tela mientras cosés, para dejar un poco de holgura. Después lo sacás y enrollás el hilo restante alrededor de ese espacio, entre el botón y la tela, tres o cuatro vueltas. Eso hace que el botón entre bien en el ojal y que no se arranque.
El dobladillo descosido de un pantalón se resuelve con una puntada invisible. Se trabaja del revés, tomando apenas uno o dos hilos de la tela exterior en cada puntada, de modo que del lado de afuera casi no se vea. Va lento y queda mucho mejor que cualquier cinta pegante, que además se despega al segundo lavado.
Vale armar un kit chico y tenerlo a mano, no en un altillo. Una caja de lata con agujas de distintos gruesos, hilo negro, blanco y beige, un dedal, tijera chica, alfileres de gancho y un enhebrador, que cuesta muy poco y ahorra la peor parte. Guardá también los botones de repuesto que vienen cosidos en las prendas nuevas, todos en un mismo frasco.
Hay arreglos que conviene dejar a un profesional. Cierres rotos, forros de saco, prendas de cuero, ajustes de talle. Un costurero de barrio hace eso en poco tiempo y a un costo bajo comparado con reemplazar la prenda, y de paso sostiene un oficio que en muchas cuadras está desapareciendo.
Reparar tiene además un efecto sobre cómo mirás la ropa. Cuando sabés que un botón se resuelve en cinco minutos, dejás de descartar prendas por detalles menores. Y las prendas que se arreglan tienden a durar años más, que es exactamente lo contrario de lo que propone comprar algo nuevo cada temporada.
No hay que aprender a coser. Alcanza con aprender tres cosas: botón, dobladillo y costura abierta. Con eso se rescata la mayoría de lo que hoy está esperando en una bolsa dentro del placard.






