Abre la puerta del microondas de tu cocina y mira el panel. Lo más probable es que uses dos botones: el de treinta segundos y el de inicio. Todo el resto —esa fila de teclas con dibujos de pollos, palomitas y copos de nieve— lleva años ahí sin que nadie las toque. Y hay una que vale la pena rescatar.
Es la que dice 'potencia', 'nivel' o simplemente 'power'. Casi todos los microondas funcionan por defecto al máximo, y eso no significa que calienten más rápido en el sentido útil: significa que calientan de manera desigual. La superficie hierve mientras el centro sigue frío, que es exactamente el resultado que todos conocemos.
El motivo es que el aparato al máximo emite de forma continua, y el calor no alcanza a distribuirse hacia adentro del alimento. Al bajar la potencia, el microondas alterna ciclos de emisión y pausa. Durante esas pausas el calor se reparte por conducción, igual que en una olla al fuego. El resultado es una comida pareja.
En la práctica, recalentar un guiso, un plato de pasta o un trozo de carne a la mitad de potencia y por más tiempo cambia por completo el resultado. Tarda unos minutos más y evita el clásico plato con los bordes ardiendo y el medio tibio. Para arroz y purés, la diferencia es todavía más notoria.
Hay otros dos hábitos que ayudan y cuestan nada. El primero es tapar el plato con una tapa apta o un plato invertido: retiene el vapor y evita que la comida se reseque. El segundo es hacer un hueco en el centro, dejando la comida en forma de anillo, porque las orillas se calientan antes que el medio.
También conviene revisar dónde se apoya el recipiente. El plato giratorio existe para que la comida pase por distintas zonas de la cavidad, ya que la energía no se distribuye de forma uniforme dentro del horno. Un recipiente demasiado grande que traba el giro es una causa muy común de calentamiento desparejo.
Vale la pena, además, limpiar el interior con cierta frecuencia. Las salpicaduras acumuladas absorben energía y hacen que todo tarde más. Un recipiente con agua y unas rodajas de limón, dos minutos en marcha, ablanda la suciedad lo suficiente para retirarla con un paño sin tener que frotar.
El microondas es probablemente el electrodoméstico más usado y menos entendido de la casa. Aprender a bajarle la potencia es un cambio de treinta segundos que se nota en cada plato recalentado a partir de mañana.






