Amanece y el barrio parece otro. Los autos con una capa blanca encima, las cunetas llenas hasta el borde, un montón de bolitas de hielo apiladas contra las paredes. En una ciudad donde nunca nieva, la escena descoloca a todo el mundo hasta que alguien dice la palabra granizo.
El granizo se forma dentro de nubes de tormenta muy altas, donde hay corrientes de aire que suben con fuerza. Una gota es empujada hacia arriba, se congela, empieza a caer, es empujada otra vez y suma una capa nueva de hielo. Ese viaje se repite muchas veces hasta que la piedra pesa demasiado y cae.
Por eso, si partes una piedra de granizo grande por la mitad, se ven capas concéntricas parecidas a las de una cebolla. Cada capa es una subida y bajada dentro de la nube. Cuantas más capas, más violenta fue la corriente que la sostuvo arriba.
Las tormentas de granizo duran poco, muchas veces menos de veinte minutos, y son muy localizadas. Es común que una avenida quede cubierta de blanco y a diez cuadras no haya caído una sola piedra. Esa diferencia tan marcada es lo que hace que las fotos parezcan exageradas.
Lo que sorprende después es cuánto tarda en derretirse. Cuando el granizo se acumula en montones, las piedras del centro quedan aisladas del aire tibio por las de afuera. En una cuneta a la sombra puede haber hielo doce horas después, con el sol brillando y treinta grados en la vereda de enfrente.
Hay cosas concretas para hacer si vives en zona de granizo. Guardar el auto bajo techo cuando el cielo toma ese color verdoso característico. Bajar los toldos y recoger macetas colgantes, que suelen ser lo primero que se rompe. Y no salir a mirar desde el patio: las piedras rebotan y llegan de costado.
Después de la tormenta conviene revisar dos cosas: las canaletas, que se tapan con hojas y hielo y desbordan hacia adentro, y las claraboyas o techos plásticos, donde una fisura pequeña se convierte en gotera a la primera lluvia.
Un dato que sorprende a mucha gente es que el granizo cae en cualquier estación, incluso en pleno verano. De hecho las tormentas más fuertes suelen darse en días de mucho calor, porque el aire caliente que sube desde el suelo es justamente el motor que alimenta esas corrientes internas de la nube. Por eso una tarde sofocante puede terminar con hielo en la vereda.
Es un fenómeno breve, ruidoso y bastante espectacular. Y deja durante unas horas una postal muy rara: una ciudad de clima cálido, cubierta de blanco, con gente en pantalón corto juntando hielo del piso.






