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Dejar prendida la luz de la campana de cocina, ¿conviene o no?

Hogar · 2026-09-08
Dejar prendida la luz de la campana de cocina, ¿conviene o no?

En muchas casas queda encendida toda la noche por costumbre, y hay argumentos razonables de los dos lados.

En incontables cocinas, la última luz que queda encendida no es la del techo sino la de la campana extractora. Alguien la dejó prendida una noche para no andar a oscuras y ya nadie la apagó. Es de esas costumbres domésticas que se instalan sin que se discuta jamás.

El argumento a favor es práctico. Esa luz es baja, apunta hacia abajo y no molesta. Sirve para orientarse cuando alguien baja a tomar agua, ayuda a que la cocina no quede completamente negra y evita encender la luz principal, que despierta a todos y encandila a las tres de la mañana.

El argumento en contra es el consumo, y depende enteramente del tipo de lámpara. Si la campana todavía tiene lámparas halógenas o incandescentes, dejarlas ocho horas por noche se nota en la factura al final del año. Si son de led, el consumo es tan bajo que el debate pierde casi todo su sentido.

Hay una diferencia importante entre la luz y el motor. Muchas campanas tienen la luz y el extractor en el mismo panel, y a veces queda encendido el ventilador sin que nadie lo note por el ruido de fondo. Eso sí consume, y además arrastra el aire acondicionado o la calefacción hacia afuera.

Para saber qué lámpara tienes, alcanza con mirarla apagada y fría. Las halógenas son pequeñas, de vidrio, y calientan mucho al rato de estar encendidas. Las de led se mantienen tibias o frías y suelen tener una carcasa plástica. Si calienta al tocarla con cuidado, ahí está tu respuesta.

Reemplazarlas suele ser sencillo y barato, y es una de las mejoras domésticas con resultado más inmediato. Conviene mirar el manual o la ficha del fabricante para el tipo de casquillo, y comprar un repuesto de la misma medida antes de desarmar nada.

Si prefieres una alternativa, hay opciones baratas: una luz nocturna con sensor enchufada en el pasillo o debajo de una alacena. Consumen prácticamente nada, se encienden solo cuando alguien pasa y cumplen exactamente la misma función de orientación.

Conviene aprovechar la campana para lo que realmente sirve, que es durante la cocción. Encenderla unos minutos antes de empezar y dejarla funcionando un rato después de apagar el fuego saca mucho mejor el humo y los olores que prenderla cuando la cocina ya está cargada. Y los filtros metálicos se lavan con agua caliente y detergente cada pocas semanas.

La conclusión no es dramática. Con lámparas modernas, dejarla encendida es una comodidad barata; con lámparas viejas, conviene cambiarlas antes que discutir el hábito. En cualquier caso, revisa que el extractor esté apagado antes de irte a dormir.

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