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El utensilio de cocina que todas las abuelas tenían y ya no se ve

Comida · 2026-09-08
El utensilio de cocina que todas las abuelas tenían y ya no se ve

Estaba colgado junto a la estufa en cualquier casa y hoy hay que buscarlo en el mercado de antigüedades o en una caja del closet.

En las cocinas de hace unas décadas había un objeto de madera con una cabeza tallada y anillos sueltos que giraban alrededor: el molinillo. Se metía en la olla de chocolate caliente, se hacía girar entre las palmas y en un minuto la superficie se llenaba de espuma.

Su diseño es más ingenioso de lo que aparenta. Los anillos no están pegados: se tallan de la misma pieza y quedan libres. Al girar, chocan contra el líquido en direcciones distintas y meten aire, que es exactamente lo que produce la espuma.

Lo reemplazó primero la licuadora y después el batidor eléctrico de mano. Ambos hacen el trabajo en menos tiempo, hacen ruido y necesitan un contacto. El molinillo no necesita nada, no se descompone y se lava con agua caliente sin jabón.

Ese último detalle es el que más sorprende a quien lo usa hoy. La madera no debe enjabonarse ni remojarse, porque absorbe el olor del detergente y se agrieta. Se enjuaga, se seca de inmediato y se guarda parado, nunca dentro de un cajón cerrado.

No es el único utensilio que casi desapareció. También se fueron el exprimidor de madera en forma de cono, el molino manual que se atornillaba a la mesa, la tabla de lavar y el machacador de frijol de metal pesado, que muchos siguen prefiriendo por el sabor.

Lo curioso es que varios están regresando. En mercados y en tiendas de cocina se venden otra vez, en parte por la estética y en parte porque hacen un trabajo específico mejor que sus reemplazos eléctricos.

Si tienes uno guardado, revísalo antes de usarlo. La madera vieja puede tener grietas profundas donde se acumula humedad. Un lijado ligero y una pasada de aceite mineral apto para cocina lo dejan listo para seguir trabajando otros veinte años.

Hay algo más que se perdió junto con estos objetos: el sonido de la cocina. El chocolate batido a mano, el molino girando, el machacador contra la olla. Muchas personas recuerdan esos ruidos con una precisión que no tienen para los sabores, porque los escucharon desde el otro cuarto durante años enteros. Ese es, para muchos, el verdadero recuerdo de la cocina de la abuela: no un platillo, sino un ruido repetido a la misma hora.

Y si no tienes ninguno, vale la pena preguntar en casa. Estos objetos casi nunca se tiran: quedan al fondo de una alacena, envueltos en una bolsa, esperando a que alguien vuelva a preguntar para qué servían.

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