Imagina una mesa con cinco tortas cortadas. Una de chocolate, densa y oscura. Una de limón con merengue. Una de vainilla con crema y frutillas. Una tres leches bien empapada. Y una tarta de manzana tibia, sin adornos. Solo puedes servirte una porción. Elige antes de seguir leyendo.
Si te fuiste al chocolate, probablemente seas de los que prefieren sabores intensos y directos. En la mesa sueles ir a lo seguro y repetir lo que ya sabes que te gusta. Es una excelente noticia para quien cocina para vos: sos fácil de complacer y difícil de sorprender.
El limón con merengue habla de otro tipo de paladar. Es el postre de quien busca contraste y no le teme a la acidez. Suele ser la misma gente que le pone limón a todo, que prefiere una comida con carácter antes que una suave y que elige el plato más raro del menú al menos una vez.
La vainilla con crema y frutillas es la elección clásica, y elegirla no tiene nada de aburrido. Es el postre que funciona en todos los cumpleaños porque nunca deja a nadie afuera. Quien lo elige suele valorar la textura tanto como el sabor, y probablemente sea el que organiza las reuniones familiares.
El tres leches es para quien disfruta de la comida sin culpa ni cálculos. Es un postre que no se puede comer con elegancia, que gotea, que obliga a usar cuchara y que se disfruta sentado. Quien lo elige suele ser el que se queda hasta el final de la sobremesa conversando.
La tarta de manzana tibia es la respuesta de quien asocia la comida con un recuerdo. Casi siempre hay una cocina de la infancia detrás de esa elección. Es también el postre que más pide compañía: nadie come tarta de manzana tibia solo y en silencio; se sirve para compartir.
Lo interesante de este juego es lo que pasa después de elegir. En la mayoría de las mesas, la conversación se va sola hacia las recetas de la familia, hacia quién hacía qué postre y hacia esa torta que nadie logró replicar. Ahí está el verdadero valor de la pregunta.
Y si estabas dudando entre dos, eso también cuenta. La gente que no puede decidirse entre el chocolate y el limón suele ser la misma que pide dos platos en un restaurante para probar. Nada de malo en eso, siempre que después convide.





