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La caja de cables que todos guardamos y nunca abrimos

Hogar · 2026-09-08
La caja de cables que todos guardamos y nunca abrimos

Está en el fondo del clóset o debajo de la cama, pesa más de lo que parece y adentro hay tecnología de tres décadas distintas.

Casi todas las casas tienen una. Puede ser una caja de zapatos, una bolsa de tela o un cajón entero de la cómoda, y adentro hay un nudo de cables que nadie ha desarmado en años. Se abre cuando falta un cargador, se revuelve tres minutos y se cierra de nuevo sin sacar nada.

Lo curioso es que ese nudo es un registro bastante fiel de por dónde pasó la familia. Ahí conviven el cable grueso de una impresora que se llevaron a arreglar y nunca volvió, el cargador de un teléfono con botones, un adaptador de corriente sin etiqueta y por lo menos dos audífonos con una sola oreja funcionando.

Los guardamos por una razón sencilla: parecen útiles. Un cable no se rompe con el tiempo, no ocupa mucho y tirarlo se siente como un desperdicio. El problema es que cada aparato nuevo trae el suyo, así que la caja siempre crece y nunca se vacía sola.

Hay una forma rápida de resolverlo en una tarde. Vacía todo sobre la cama, separa por tipo y prueba cada cargador con el aparato que corresponda. Lo que no reconozcas después de mirarlo diez segundos, probablemente ya no tenga pareja en la casa.

Etiquetar ayuda más que ordenar. Un pedazo de cinta de papel doblada sobre el cable, con el nombre del aparato escrito a mano, evita la revisión completa la próxima vez. Los que sobreviven a la selección caben en una sola caja con tapa y se ven de inmediato.

Para lo que se descarta hay un detalle importante: los cables, cargadores y baterías no van a la basura común. Muchos municipios tienen puntos de recolección de residuos electrónicos, y varias tiendas de electrónica reciben cables viejos sin cobrar nada. Vale la pena preguntar antes de tirar.

También conviene resistir la tentación de quedarse con uno de cada cosa por si acaso. Ese por si acaso es exactamente el motivo por el que la caja llegó al tamaño que tiene, y en la práctica casi nunca se usa el repuesto guardado hace ocho años.

De todo lo que hay ahí adentro, tres cosas sí valen la pena. Una extensión eléctrica en buen estado, un adaptador de corriente con varios conectores y un cable de datos de repuesto del que use la mayoría de la casa. Guardarlos es más fácil de lo que parece: cada uno enrollado con una tira de velcro o con una liga, cada uno en una bolsita con cierre y todas las bolsitas paradas dentro de una caja, como si fueran fichas.

Después de ordenarla queda una sensación curiosa, entre alivio y nostalgia. Ahí adentro había teléfonos, cámaras y reproductores que en su momento fueron importantes. Ahora caben en una bolsa, y la casa respira un poco mejor sin ellos.

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