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La huerta que unos vecinos armaron en un terreno baldío

Buenas noticias · 2026-09-08
La huerta que unos vecinos armaron en un terreno baldío

Era un terreno con pastizales y escombros. Hoy hay canteros, una manguera compartida y una lista con los turnos de riego.

Durante años fue el terreno con pastizales altos donde se juntaba basura. Los vecinos pasaban por la vereda de enfrente y nadie miraba. Un día alguien propuso limpiarlo y, después de tres sábados de trabajo, aparecieron ocho canteros de madera con lechuga, acelga, cebolla de verdeo y unos tomates que todos miraban con desconfianza.

Estas huertas comunitarias funcionan en muchísimos barrios y suelen empezar igual: no con un plan grande sino con dos o tres personas cansadas de mirar un terreno abandonado. Lo primero no es plantar, es limpiar, y esa etapa es la que más gente convoca, porque cualquiera puede llenar una bolsa de escombros.

El paso siguiente es el más importante y el que menos se cuenta: averiguar de quién es el terreno. Muchos baldíos son municipales, y en varias ciudades existen programas que ceden el uso a grupos de vecinos organizados. Otros son privados y hay dueños que prestan el espacio con un permiso escrito. Sin ese paso, todo el trabajo queda en riesgo.

Después viene lo agrícola, que es más simple de lo que parece. Canteros elevados con madera, tierra mezclada con compost, y plantas de crecimiento rápido para el primer año: lechuga, rúcula, acelga, rabanito, cebolla de verdeo, aromáticas. Ver resultados en pocas semanas es lo que sostiene el entusiasmo del grupo.

El agua es el problema práctico más común. Se resuelve con una canilla de una casa vecina que presta la conexión, con tanques que se llenan con lluvia o con bidones. Y con una lista de turnos pegada en un cartel, porque el riego es la tarea que más se olvida y la que más rápido arruina el trabajo de dos meses.

Lo que sorprende a casi todos los grupos es quién termina participando. Aparecen personas mayores que sabían de huerta desde chicas y que llevaban años sin usar ese conocimiento. Aparecen chicos que nunca habían visto de dónde sale una zanahoria. Y aparecen vecinos que no se hablaban desde un conflicto viejo, arreglando un cantero juntos.

Conviene definir desde el principio qué se hace con la cosecha. Algunos grupos reparten entre quienes trabajaron, otros donan a un comedor, otros dejan una parte disponible para cualquiera que pase. Cualquiera de las opciones funciona, siempre que esté acordada antes de la primera lechuga y no después.

La huerta produce verduras, pero no es lo principal. Lo principal es que un lugar que era un problema para toda la cuadra pasó a ser un lugar donde la gente se encuentra un sábado a la mañana. Eso no crece en ningún cantero y sin embargo es lo primero que se nota.

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