En la fila del control siempre hay alguien vaciando la mochila sobre la bandeja mientras el resto espera. No es mala suerte ni mala voluntad: es un bolso armado a las apuradas, con cosas mezcladas y objetos que no podían viajar ahí. Casi todo eso se resuelve la noche anterior, en la mesa de la cocina, con quince minutos.
Lo primero que conviene separar son los líquidos. Cremas, perfumes, geles, pasta de dientes y también cosas que uno no piensa como líquido, como el dulce de leche o el yogur. Las reglas varían según el aeropuerto y la aerolínea, así que lo sensato es revisar el sitio oficial de tu vuelo antes de salir, no confiar en lo que se hacía hace unos años.
El segundo grupo son los objetos punzantes o cortantes que se cuelan sin querer: una tijerita de uñas en el neceser, un cortaplumas en el bolsillo de la mochila que usas para el campamento, agujas de tejer, herramientas chicas. Vaciar completamente el bolso antes de armarlo evita ese olvido, que es el más común de todos.
Las baterías merecen un párrafo propio. Las baterías portátiles y los cigarrillos electrónicos suelen tener que ir en cabina y no en la bodega, y hay límites de capacidad. Si viajas con una batería grande o con equipos poco habituales, conviene consultar antes: es de las pocas cosas que pueden quedarse en el control sin discusión posible.
Después hay una parte de puro sentido práctico. Pon la computadora o la tablet en un compartimiento que se abra solo, sin tener que sacar todo. Lleva los documentos en un bolsillo externo. Usa un neceser transparente. Y elige calzado y cinturón fáciles de sacar y poner, que es donde se pierde más tiempo del que uno cree.
Vale mirar también el tamaño real de tu bolso. Muchas aerolíneas midieron cada vez más estrictamente el equipaje de mano, y los medidores metálicos en la puerta de embarque dejaron de ser decorativos. Mide tu mochila llena, no vacía, porque una mochila blanda cambia varios centímetros cuando está cargada.
Un consejo que se agradece siempre: arma un pequeño paquete con lo esencial para veinticuatro horas dentro del equipaje de mano. Una muda, cepillo de dientes, cargador y cualquier cosa que necesites sí o sí. Si la valija despachada se demora, ese paquete convierte un problema grande en una molestia menor.
Nada de esto tiene misterio, y sin embargo cambia todo el día de viaje. Un bolso pensado en casa se abre una sola vez en el control, y eso ya es ganar.






