Abres una lata redonda de galletas esperando galletas y encuentras hilos de colores, agujas clavadas en un pedazo de tela y tres botones sueltos. Nadie en la casa se sorprende. Esa lata dejó de ser lata de galletas hace más de una década y ahora tiene un cargo distinto.
El fenómeno es universal y bastante divertido de rastrear. El frasco de café instantáneo que guarda tornillos. La caja de zapatos con documentos importantes. El pote de helado con sobras en el refrigerador. La silla del dormitorio que solo sostiene ropa a medio usar.
Casi siempre son objetos que tienen dos virtudes: son gratis y son del tamaño exacto. Una lata resistente con tapa hermética es un buen costurero, y comprar un costurero no se le ocurre a casi nadie cuando ya hay algo que funciona.
Con el tiempo, esos usos se vuelven tan sólidos que el objeto original desaparece. En muchas casas, si alguien dice pásame la lata de galletas, todos entienden que se habla del costurero, y a nadie se le ocurre que pueda haber galletas adentro.
También hay un componente de herencia. Ese sistema se copia de la casa donde uno creció. Quien vio a su mamá guardar botones en un frasco de café guarda botones en un frasco de café, aunque hoy existan cajas organizadoras de plástico transparente en cualquier tienda.
Vale la pena, de vez en cuando, revisar si el segundo uso sigue siendo el mejor. Algunos funcionan perfecto y no hay razón para cambiarlos. Otros generan problemas: guardar líquidos de limpieza en botellas de refresco es una de las costumbres más peligrosas que existen en una cocina, y ahí sí conviene cortar de raíz.
Para los que se quedan, un detalle simple ayuda mucho: etiquetar. Una cinta con la palabra tornillos evita abrir cuatro frascos idénticos, y evita también que alguien de visita se lleve una sorpresa. Se hace en dos minutos con cinta adhesiva y un plumón.
Existe además la categoría de los objetos que cambiaron de uso hacia arriba. Una máquina de coser que hoy es mesa de entrada, un baúl viejo convertido en mesa de centro, una escalera de madera que sostiene macetas. Suelen ser los muebles que más comentarios reciben de las visitas, precisamente porque nadie los eligió en una tienda.
Fuera de eso, esos objetos reconvertidos son de lo mejor que tiene una casa. Cuentan cómo vive la gente que está adentro, y funcionan tan bien que ya nadie recuerda para qué fueron hechos.






