En muchas casas la puerta del dormitorio queda abierta toda la noche. A veces por costumbre, a veces para escuchar a los chicos, a veces porque hace calor. Cerrarla parece un detalle sin importancia y sin embargo cambia varias cosas concretas del descanso y de la seguridad de la casa.
Lo primero es el ruido. Una puerta cerrada corta buena parte de los sonidos del pasillo, la heladera, un televisor encendido en otro cuarto o alguien que se levanta a tomar agua. No hace milagros acústicos, pero baja lo suficiente el nivel como para que esos ruidos no interrumpan.
Lo segundo es la luz. Los pasillos suelen tener luces de cortesía, el reflejo de la calle, las lucecitas de aparatos electrónicos. Con la puerta cerrada, el cuarto queda notablemente más oscuro, y la oscuridad es una de las condiciones más simples y más baratas para dormir mejor.
Lo tercero es la temperatura. Una habitación cerrada mantiene con más facilidad su propio clima, sobre todo si tienes un ventilador o una estufa en un solo ambiente. Es la diferencia entre calentar o refrescar un cuarto y calentar o refrescar la casa entera.
El punto más importante es el de la seguridad. Los cuerpos de bomberos de muchos países vienen recomendando desde hace años dormir con la puerta cerrada, porque una puerta común frena bastante el avance del humo y del fuego, y da tiempo. Es una recomendación gratuita y de aplicación inmediata.
Junto con eso hay dos hábitos que se recomiendan siempre y que casi nadie tiene: revisar que los detectores de humo funcionen, si los hay en tu edificio o casa, y acordar en familia un punto de encuentro afuera. Ese punto se elige una vez, se dice en voz alta y se repite cada tanto con los chicos.
Para quienes duermen con la puerta abierta por los hijos, hay soluciones intermedias. Un intercomunicador de bebé, dejar las dos puertas cerradas pero con un monitor encendido, o mover la cama del chico a un lugar donde se escuche mejor. La costumbre se puede cambiar sin perder la tranquilidad. Para las mascotas que duermen en el pasillo alcanza con dejarles su cama cerca de la puerta: en pocos días la mayoría se acostumbra sin protestar.
Si nunca lo probaste, haz la prueba una semana. Cierra la puerta antes de acostarte y fíjate si te despiertas menos veces. Es un cambio que no cuesta nada y que muchos, después de probarlo, ya no abandonan.






