Saliste al balcón a colgar la ropa y ahí estaba: un montoncito de ramitas entre dos macetas, armado con una prolijidad sospechosa. Al día siguiente hay un huevo. La primera reacción suele ser entre ternura y fastidio, y lo que decidas esa primera semana determina cómo van a ser los dos meses siguientes.
Empecemos por lo más importante: si ya hay huevos o pichones, lo mejor es no tocar nada. Mover un nido activo casi siempre condena la nidada, porque los padres no lo reconocen en otro sitio. Además, en muchos países la fauna silvestre está protegida y retirar nidos ocupados no está permitido.
La buena noticia es que el calendario es corto. Entre la puesta y el momento en que los pichones dejan el nido suelen pasar pocas semanas, no meses. Es un plazo perfectamente tolerable si sabes que tiene final, y ahí está la diferencia entre convivir y desesperarse.
Durante ese tiempo hay tres cosas que ayudan mucho. Reducir el paso por esa zona del balcón, no acercar la cara ni el celular al nido, y mantener a los gatos adentro. La mayoría de los conflictos en balcones no ocurren por las aves, sino por mascotas que descubren un nido a su alcance.
Conviene proteger el piso, no el nido. Un cartón o un plástico debajo, que puedas retirar después, resuelve el problema de la suciedad sin interferir con los animales. Limpiar el resto del balcón se puede hacer con normalidad, siempre a distancia y sin manguera dirigida hacia arriba.
No hace falta alimentar a los pichones ni darles agua. Los padres siguen atendiéndolos aunque no los veas, porque hacen visitas muy cortas y muchas veces esperan a que no haya nadie mirando. Si un pichón cae al piso y ya tiene plumas, lo habitual es que esté aprendiendo a volar: lo mejor es dejarlo tranquilo, apartar a las mascotas y observar de lejos.
Cuando el nido queda vacío, ese sí es el momento de actuar. Retíralo con guantes, limpia bien la zona y, si no quieres repetir la experiencia, cambia el escenario: mueve las macetas que formaban un rincón resguardado, cierra el hueco detrás del equipo de aire y evita dejar cajas o bolsas quietas en un rincón techado.
Si prefieres desalentarlos antes de que empiecen, hay que hacerlo temprano, apenas ves las primeras ramitas y sin huevos todavía. Retirar el material dos o tres días seguidos suele bastar para que busquen otro lugar, sin necesidad de trampas, redes ni productos.
Y vale la pena decirlo: mucha gente que empezó fastidiada termina mirando el nido todos los días desde la ventana. Es una de las pocas oportunidades de ver de cerca algo que normalmente ocurre sin público, y dura tan poco que cuando el balcón queda libre, casi siempre se extraña un poco.






